Archivo de la categoría: Economía y finanzas

¿Camelot se queda sin presupuesto…?


La verdad es que últimamente da hasta miedo asomarse a las secciones de noticias sobre Europa… Entre amenazas de quiebra del sistema Euro, reformas del Tratado de Lisboa cuando a penas ha cumplido un año, y otros asuntos varios, aparece también el tema de la adopción del presupuesto de la Unión Europea para 2011. Éste es un asunto que normalmente pasaba como una noticias más dentro del funcionamiento de la UE y que apenas trascendía a la opinión pública (¿Quién puede decir qué pasó con la aprobación del presupuesto de 2003? nosotros, tirando de hemeroteca), pero el presupuesto del 2011 es un tema aparte.

¿Por qué es diferente el presupuesto comunitario de 2011?

Fundamentalmente por la razón de siempre: la crisis económica. Y después por otra razón de también se está convirtiendo en habitual: el Tratado de Lisboa. Estos dos elementos han provocado una situación que no por compleja y dificultosa, es del todo imprevista.

Por un lado el Tratado introduce dos elementos en toda esta historia. Además de abrir la puerta a que la Unión Europea tenga competencias para desarrollar políticas y acciones en ámbitos en los que antes no le era posible (políticas y acciones que, por supuesto, habrá que pagar y presupuestar), el Tratado de Lisboa establece un proceso de aprobación del presupuesto en el que el Parlamento Europeo tiene un mayor peso.

Y por otro lado, el argumento por desgracia más claro de todos: las consecuencias de la crisis económica imponen austeridad.

Al menos éstos son los argumentos que trascienden en las negociaciones y con los que el problema está servido: se bloquea el proceso de adopción del presupuesto de la Unión Europea. La Comisión argumenta que éste es un presupuesto para Europa, no para Bruselas y que por ello tiene que ser ambicioso, servir a los ciudadanos, invertir y apoyar políticas que generen actividad. El Parlamento está de acuerdo con las cifras que propone la Comisión, pero no quiere dejar pasar esta ocasión para plantear la flexibilidad del presupuesto y, sobre todo, para que se hable claro de la fuente de recursos financieros de la Unión (lo que se ha denominado recursos propios). Y el Consejo (o sea, los Estados miembros) dice que él no piensa pagar esta ronda…

¿Las consecuencias de todo esto?

En el hipotético caso de que no se lograra un acuerdo antes de fin de año, la Unión Europea se vería obligada a trabajar aplicando un sistema de “doceavas partes provisionales”, es decir que cada mes sacaría dinero de la caja para trabajar ese mes y no podría gastar más de la doceava parte de lo que gastó el año pasado. Además, lo que dedique a cada partida no puede ser superior a la doceava parte de lo que le dedicó el año pasado.

¿Y eso qué significa? Pues que en partidas presupuestarias en las que han crecido sus obligaciones, no va a poder gastar más dinero, así que la cosa se va a poner difícil…. Por ejemplo, la Sra. Ashton corre el peligro de no tener recursos para poner en marcha el nuevo Servicio Europeo de Acción Exterior (la diplomacia europea, para entendernos), o la estructura del sistema de supervisión financiera que sin recursos para que funcione será difícil que eche a andar en 2011…, y así unas cuantas iniciativas.

¿Y ahora qué?

Pues habrá que esperar a ver qué pasa en este pulso tan particular. De momento la Comisión ha puesto sobre la mesa un nuevo documento para relanzar las negociaciones, y su presidente Durao Barroso ha apelado al “espíritu europeo”.

Francamente, creo que el “espíritu europeo” anda un poco de capa caída estos días, y la primera imagen que me vino a la cabeza con el bloqueo del presupuesto, fue una frase mítica de la película Excalibur de John Boorman que exclama Lancelot cuando Arturo ya no tiene su espada y prevé el desastre que se les venía encima: “The King Without a Sword , The Land Without a King!” (Un rey sin su espada, una tierra sin su Rey!).

Salvando lo melodramático del título, esperemos que no se líe en la Unión Europea la que se lió en Camelot

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La crisis llega al Eurogrupo


La crisis mundial ha llegado al Eurogrupo tras los anteriores incidentes con la recuperación de Grecia en mayo de 2010. Tras Grecia vino Portugal y ahora Irlanda. El pasado 16 de noviembre se celebró la reunión en Bruselas donde se presentó una total disponibilidad de la ayuda hacia Irlanda.

En estos momentos Irlanda vive una situación de crisis económica importante y, por ello, ha tenido que ceder y solicitar la ayuda del fondo.

A pesar de esto, se mostró indecisa en pedir esta financiación, ya que se encuentra inmersa en elecciones y esta resignación supondría la pérdida de votos de los actuales dirigentes.

Lo que no se puede negar es que la zona euro está en crisis, declaraciones como las de su presidente describen la situación de una manera muy caótica. La euro zona es una gran cuerda en la que estamos todos, si uno cae, caemos todos. Por ello, el fondo es elemental para evitar la caída del sistema.

Teniendo en cuenta este argumento parece razonable que Irlanda tenía que haber pedido la ayuda sin titubeos ni dudas, Pero, ¿hasta donde llega la fuerza política? Este es un claro ejemplo de que la política puede anteponerse a medidas que nos incumben a todos.

Si Irlanda hubiera alargado la aceptación de esta financiación los votos no se hubieran alterado, pero la mala situación que se hubiera producido les pasaría factura a nivel político tarde o temprano. La política debe mirar por el bien ciudadano en todos los ámbitos. Los ciudadanos son críticos y tienen consciencia de lo que pasa, por lo que no se les puede negar las evidencias. La verdad de las circunstancias debe ir siempre por delante, es la mejor cara a presentar. Afortunadamente la financiación se ha llevado a cabo y la intención política de un grupo no ha supuesto males mayores para todos.

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La patente comunitaria se estrella contra el palo


Los ministros de competitividad trabajaron de nuevo hasta muy tarde, pero parece que no sirvió de mucho. Después de varios años detrás del acuerdo para poner en marcha el Reglamento de patente comunitaria, el escollo está esta vez en la unanimidad sobre el sistema de traducciones. Y es que aunque el esfuerzo integrador sea la bandera de la Unión Europea, renunciar a la lengua propia, o mejor dicho aceptar que se le puede dar mayor relevancia a una que no es la tuya y que no estás en el grupo de los elegidos, no es algo fácil de digerir por algunos Estados Miembros. Y esta vez la cosa ha ido por muy poco.

El caso es que si en la Unión estamos trabajando por incrementar la competitividad, el crecimiento y el empleo en lo que supone la Estrategia Europa 2020, y a eso sumamos que pretendemos reducir las trabas administrativas, especialmente para las PYME mediante iniciativas como la Small Business Act o Ley de la Pequeña Empresa; parecería bastante lógico reducir los costes para la empresas en una materia como la protección de sus creaciones e invenciones mediante patentes a nivel comunitario. Menos costes, más posibilidades de éxito.

Pero esta vez, con el idioma hemos topado…

El borrador de la Comisión propone que las patentes de la Unión Europea se examinen y se concedan en una de las lenguas oficiales de la Oficina Europea de Patentes (OEP), es decir en inglés, francés o alemán. La patente concedida se publicaría en una de estas tres lenguas y ésa sería la versión jurídicamente vinculante. La publicación incluiría traducciones de las reivindicaciones (la parte que describe el alcance de la protección) a las otras dos lenguas oficiales de la OEP. Esto que se resume de forma tan sencilla supone, ni más ni menos, que reducir los costes de patentar una invención en la UE a más de la mitad: de los 20.000 euros que cuesta ahora patentar una invención para 13 países a menos de 6.200 euros para los 27 Estados Miembros. O dicho de otro modo, con el sistema actual una empresa se gasta 14.000 euros en traducciones para patentar su producto para 13 países, con el nuevo se estima que para 27 se gastaría 620 euros.

Pues bien, en la noche del 10 de noviembre, una voz hablaba un idioma diferente en la reunión extraordinaria del Consejo de Competitividad. Entre los 27 Estados Miembros, España no daba su brazo a torcer y, junto con Italia, vetaba la propuesta. Una vez más, argumentos pragmáticos y objetivos se enfrentan a otros de otra índole, y resultan difíciles de conciliar. Aunque se esté de acuerdo en que el entorno comercial y laboral comunitario debe ser multilngüe y en que cuantos más idiomas se manejen más activo resultará (que lo estamos, y mucho), no se puede negar que no reducir las trabas y los costes que supone trabajar con las 23 lenguas oficiales de la Unión Europea (y las que vendrán) es caro y poco operativo.

En su intervención al cierre de la reunión del Consejo, la Presidencia belga se lamentaba con un “ha faltado poco, pero no ha habido unanimidad”. Si fuera un partido de fútbol, el comentarista gritaría “… el tiro se estrella contra el palo!!!, y los equipos (27, ni más ni menos) tendrán que jugar otra prórroga”. El partido se está haciendo largo…

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